Reflexiones – ¿Qué es un niño?

Claudia Baeza, psicóloga psicoanalista, nos invita a pensar en:

¿Qué es un niño?

Desde una mirada psicoanalítica, hablar de niños es hablar de constitución, de desarrollo, de estructuración subjetiva. Con la concepción del aparato psíquico, se define una estructuración signada por las vivencias donde los otros que realizan la acción específica, de los que el niño depende, son fundamentales.

Un niño es un psiquismo en construcción, en estructuración que se da en un contexto social determinado y en vínculos con otros humanos. Estos vínculos y relaciones que arma con los otros dan origen a un entramado de vivencias, de cuentos, de mitos. Es así como la construcción subjetiva está ligada y se origina partir de esto, de una historia.

En este sentido, hablar de infancias es referirse también a un universo simbólico, de lo singular y lo plural, en relación al lenguaje y a los discursos donde los niños se van conformando sujetos. 

Pensamos al niño/a como un aparato psíquico en construcción. Aulagnier (1975) propone que en los comienzos de la vida, es la madre en su función de portavoz quien dona al niño ciertos enunciados identificatorios que anticipan un yo que está por advenir. Madre como dimensión hablante, que a través de estos enunciados da la posibilidad al infans de habitar un cuerpo y una psiquis. Madre que otorga y ofrece sentido al infans, anticipando el advenimiento del yo. En su función de portavoz entonces, da lugar a un ser hablado, que luego hablará para sí.

Cada niño – sujeto, tiene su propia historia, constituida en relación a los otros significativos, al contexto histórico y social. Según esta lógica, los niños son pensados en relación a un otro y siempre en vinculo con un contexto particular. Es por esto, que resulta muy difícil pensar un trabajo clínico con niños y niñas sin tener en cuenta desde dónde viene lo que se oye y en qué condiciones eso se genera, así como también resulta importante escuchar lo que rodea al niño.

Podríamos pensar que la ayuda dirigida al niño/a, más allá de establecer un diagnóstico, tiene que ver esencialmente con interesarse por la historia subjetiva de ese niño, entender en qué contexto se ha ido constituyendo y en qué modos de relación transita. Desde acá ir pensando sus intereses, la historia de su nacimiento, el lugar que ocupa dentro del sistema de parentesco, lo que ser niño o niña puede significar o no para su madre, su padre, sus abuelos, para su grupo familiar.  

Cuando los padres consultan por sus hijos, encontramos cierta sintomatología ligado a lo corporal: se mueve mucho, habla poco, hace pataletas, es impulsivo. Es importante pensar que ahí cuando la palabra no estuvo, cuando el lenguaje se detiene, como dice Dolto (1987), los niños hablan a través de su conducta y esto muestra un tipo de sufrimiento psíquico, algo que en ciertas circunstancias impide detenerse, que deja al cuerpo desatado o que puede en algunos casos dejar al niño en una ausencia de mirada y de palabra. 

La infancia es lugar donde se inscriben huellas, se instalan instancias, un entramado de vivencias, de discursos, donde lo inscrito inaugura y es fundante del aparato psíquico. La infancia si bien deja huellas, no son todas estas inamovibles, son modificables y esto hace posible el trabajo psicoanalítico.

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